1 de mayo de 2012

VLADIMIR MORALES

Entre copa y sopa

Entre copa y sopa,
a través del mantel blanco,
Vladimir y su barcarola.
No me olvido, Rubén, no me olvido.

El Maipo, la nave
que no se llama olvido
ni en sus barandas redondas.

Al fondo de sus bodegas, el cielo era,
¿cómo te dijera?,
un horizonte cuadrado.

Éramos las costillas de Marx
en las heridas del barco.
Los compañeros iban al cielo
y bajaban sangrando, idos.

¿Recuerdas a Carlos Gajardo?
En el bajo vientre del buque
se trisaban las paredes de miedo
y el óxido mismo, rezando rezando.

Se muere Juan Tok,
el barco en marcha
y su carga callada.

Nos tiran al mar frente a Quintero.
Podremos nadar. Ya es mucho tiempo.
Nos hundirán. Estamos muy lejos.

Paran las máquinas y el corazón,
y la luz del buque gotea
en cada costado,
orina y comida.

De redes descienden los entes,
tristes peces con destino hasta el muelle.
Inermes, van llegando a Pisagua,
hacia la punta del dique.

Futuras momias acribilladas.
Futuras sombras del paredón.

Me fusilan diez veces, Rubén.
Entre vida y muerte,
callo diez veces.

Me dicen:
«Te puedes ir, Vladimir».

Y entre sopa y copa
sube a nacer Vladimir,
sin pagar esa cuota.